

Fargo es una oda a la casualidad, la cotidianidad y la sordidez.
Aunque en la película y la serie aparecen personas malvadas (según los estándares morales) e incluso retorcidas, el crimen no aparece como algo grandioso o inteligente. En Fargo no hay asesinos metódicos (Seven, Zodiac, etc.) y los criminales no están bien organizados (El Padrino, The Wire, etc.), la mayoría de los planes son ridículos y su ejecución deficiente (o directamente incompetente).
La violencia surge de situaciones evitables, pero que al estar mal ejecutadas generan situaciones cómicas por su ridiculez, aunque incómodas por su brutalidad. La mayoría de las tramas se sustentan en la condición humana más básica (envidia, codicia, impotencia) y su resolución suele producirse casi por casualidad. Y aunque los mecanismos del sistema (policía, principalmente) se presentan como más organizados y metódicos que los criminales, su simplicidad los hace parecer ridículos a menudo.
En resumen, Fargo es una película y serie profundamente humana. Las contradicciones, miedos, habilidades y debilidades de cada uno de los personajes convierten, a través de situaciones cotidianas y sencillas a estas obras en espejos de la condición humana en el que todos podemos vernos reflejados.
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